
| INTRODUCCION |
....Generalmente la Iglesia teme que la exageración de la piedad, o de la leyenda piadosa que brota espontáneamente de los labios del pueblo, amante de lo maravilloso y de lo legendario, haga olvidar la historia y, por consiguiente, el mensaje que Dios quería comunicarnos. Y lamentablemente es la Teología la que, obsesiva, vislumbra permanentemente un horizonte pleno de exageraciones, aquellas que no lo son solo por el hecho que llegan en la voz del pueblo. ¿Y en donde se manifiesta la divinidad si no es entre medio del pueblo, su pueblo?. La prudencia no debe ser la que determine la historia, sino la verdad.
.Se dice desde el ámbito institucional de la Iglesia que son verdaderos obstáculos, la exageración de la piedad que supera la historia, y la fama de los milagros que sobrepasa al mensaje. Pero ¿qué piedad es exagerada y que milagro no es acaso en si un mensaje?. En el fondo, y este es el gran problema verdadero de los cristianos, es que la Iglesia teme que una devoción popular aleje a los fieles de su seno. ¿No será que la Iglesia se aleja de los fieles negando la historia que nace desde la fuente misma del pueblo que es donde precisamente se hace presente el prodigio?. La devoción nace en el pueblo y los milagros se manifiestan en él. Esa es la historia, ese es el mensaje, ¡¿qué mejor verdad?!.
.Cada santo tiene su mensaje para el hombre. A éste le toca reconocerlo, aceptarlo y ponerlo en práctica y allí es donde la Iglesia debe poner la claridad en vez de la duda.
.El temor, otras veces es sobre el exagerado interés en conseguir una "gracia", o la preocupación excesiva por obtenerla, que lleva a la misma conclusión, es decir perder de vista el mensaje que Dios nos quiere transmitir. Pero si son las mismas gracias las que hacen que la devoción profundice la fe en Dios, pues es a traves de ellas que el alma se traumatiza y deja la impronta universal de la presencia de la potencia divina en el mundo ¿por qué entonces las gracias y los milagros? ¿no es acaso Jesús el que dijo: ""Pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá; porque quien pide recibe, quien busca encuentra y a quien llama se le abrirá""?. Se tiene o no se tiene fe.
Escribe San Agustín en la Ciudad de Dios (8, 17, 2) "Toda devoción consiste en imitar a aquel a quien honras", y en otra parte afirma: "Honrar y no imitar no es otra cosa que adulación mentirosa" (Serm. 325, 1)
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